LA OTRA CARA DE LA TORTILLA

LA OTRA CARA DE LA TORTILLA

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e siento como un viejo; ahora es cuando comprendo eso de que “la vida enseña”, o eso otro de que  “más sabe el diablo por viejo que por diablo”; cada vez me revienta más esos jóvenes, y otros no tan jóvenes, que se la dan de estar de vuelta de todo y se creen que aquellos que ya peinamos canas somos algo así como unos carcamales que “no saben de qué va la historia”. En lugares en los que existe la miseria, todavía se conserva el respeto hacia los mayores; la gente mayor ha vivido más y ha aprendido más acerca de la vida, del alma humana, del comportamiento del hombre y por eso le es reconocido un saber, un conocimiento, que desemboca en el respeto. Es posible que aquellos que pertenecemos a un grupo que pasamos de los 50 no sepamos manejarnos con Internet, o con una video consola y que la palabra  “iPod” le suene como a hipo, que no sepamos qué es un botellódromo o que no usamos piercings , pero, al igual que nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos e incluso los abuelos del mismísimo Abraham, acabaron conociendo el alma que se esconde dentro del humano ser, y ese conocimiento lo alcanzaron tras una vida de varapalos, de amores, de celos, de hipocresías, de risas y lágrimas, de miedos y agravios. El ser humano que habitó la tierra en tiempos de Mari Castañas y que cazaba con palos y piedras y el ser humano que maneja Internet, teléfono móvil o saca al perro a cagar en la acera del vecino, adolece de los mismos fallos de fábrica. Es un ser egoísta (requisito indispensable para la supervivencia en tiempos de crisis). Aún cuando ha intentado refinar ese comportamiento y le ha sido impuesto el renunciar a ese egoísmo en favor de cooperación comunal para solventar los problemas, el egoísta que subyace en su interior aflora cada vez que tiene ocasión: nos convertimos en hipócritas.

            En estos tiempos de falta de respeto hacia todo y hacia todos, principalmente de los jóvenes, hace falta que nos marquemos un objetivo común, que nos haga creer en que “la unión hace la fuerza”, nos impliquemos en sugestionarnos y auto convencernos de que hay unos valores que respetar. Es necesario.

            Aquellos que conocimos los años del dictador y que nos involucramos en las corrientes liberales, más como una moda que como un convencimiento, pero que en aquellos días nos lo creíamos a pies juntillas, y que no obstante pensamos que lo mejor que le pudo pasar a España es que llegara esta democracia, asistimos con tristeza a esta España que se ha convertido en un corral de imbéciles con “derechos”, de falta de respeto, de niñatos que se merecen que les calienten el “jato”, de políticos corruptos, que hacen el agosto sin importarles lo más mínimo aquellos a los que representan, de parlamentarios que faltan al respeto a sus contrarios tildándoles de traidores, o de asesinos o vaya usted a saber qué cosas, de televisiones que idiotizan, con sexo, con gritos para hacerse oir, de personajillos ignorantes que se convierten en ídolos, de criticones, que como cuervos necesitan descarnar a alguien para sobrevivir y ofrecer mierda a aquellos que, a su vez, necesitan de dicha mierda para alimentar sus cerebros enfermos.

            Hace 40 años una persona sin saber leer ni escribir, trabajando desde los 14 años era  un “adulto” de pleno derecho, una persona respetable y respetuosa; hoy día, a menudo (demasiado a menudo), un universitario, un licenciado o un diplomado con 30 años sigue siendo un “papa frita”.

            Hay que volver a hacer la Revolución:  Políticos interesados en sus propios partidos y en sus propios intereses, sólo en desgastar al enemigo político de turno: ¡Fuera!. Quiero que se impliquen todos, sean de la ideología que sean. No quiero que le den pávilo a justificación alguna que haga posible la vuelta de otro energúmeno cargado de mala leche, de brazo en alto y bigotillo ridículo, que se crea un iluminado.

            Religión sólo para quien quiera practicarla. ¡Fuera ¡ Nada de tratar de inmiscuirse en política, “zapatero a tus zapatos”, y no va con dobleces. Ya tenemos bastante en la vida civil con hipócritas barrigas llenas para que vengan ahora éstos de sotana, que se creen en posesión de la verdad, con imposiciones.

            Medios de des-comunicación interesados en desacreditar al político de pensamiento contrario y enaltecer al de pensamiento afín, periodistas de pacotilla que necesitan del escándalo para vender, ¡Fuera!,. Más información verídica y más cultura. Menos series con palabras soeces y malhabladas.

            Aquí deberíamos de caber todos, sólo hay que cumplir estos requisitos: Respeto, Educación y Libertad responsable, y los que no cumplan, condenarlos al ostracismo como poco.

Otro día hablaremos del gobierno.

Escépticus

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Una respuesta hacia “LA OTRA CARA DE LA TORTILLA”

  1. Y que razón llevas.

    A este pais lo que le hace falta es un cambio de ideas revolucionario y radikal. Que no quede títere con cabeza. Hablando con algunos amigos sobre el tema, me decían que una revolución golpista sería más un problema que una solución para los tiempos que corren. Pero no dejo de reconocer que cada una de las palabras expresadas en este post tienen toda la razón que se pueda dar. Claro está, al que se encuentra en el otro lado de la tortilla esto podrá parecerle una memez como tantas que se escriben a diario en los periódicos de mayor tirada de este pais, pero venga de donde venga el comentario, artículo, opinión o crítica, lo dicho es cierto. Algunos entendidos en el estudio del comportamiento humano lo llaman “La estupidez humana” y es verdad que es algo inherente en el ser humano, independientemente de que la juventud de hoy no valga ni para hacer puñetas… pero valga mi voz a modo de letras para defender a aquellos jóvenes que tienen los pies en el suelo y la cabeza en su lugar. Vaya con mi humilde opinión mi apoyo a tu criterio, que al paso que vamos, la tortilla se nos quema por las dos caras…

    Con todos mis respetos y amistad en la distancia hacia un hombre con sentido común a pesar de su excepticismo.

    Drakne.

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