MALASANGRE

Era de fama: cruel; y de luces: corto; de condición: sanguinario y de creencias: supersticioso.

Pelambrera rojiza, de cabellos en anarquía; cejas pobladas, que en el entrecejo se daban la mano; barbudo casi desde la adolescencia y curtido de piel, como marino. Teclas de piano su dentadura parecía, y un rictus, cercano a la insolencia, en la comisura de su boca llavaba perenne.

Anacleto Valverde y Gonzaga era su nombre, mas era apodado “el Malasangre“.

Se contaba que procedente del norte llegó, atravesando a pie media España; se decía que en franca huida de la justicia. Rumores de boca en boca detalles a la historia de “El Malasangre” ponían:

“Dicen” que allá por Medinaceli a un tratante le hundió su faca; y “dicen” que al monte huyó, donde, también por mera crueldad acabó con la vida de inocentes, que por mal azar , en su camino se cruzaron. Y “dicen” que la Guardia Civil tras sus pasos anda; pero que no se atreven con “EL Malasangre” y que la vista gorda hacen.

Nadie sabe dónde vive, nadie sabe por dónde anda. Nadie conoce su vivir ni nadie sabe de su casa.

Una vez al mes “El Malasangre” a un pueblo baja, a por alimentos y cosas varias. Las tres calles de éste, desiertas quedan presurosas, y cuando “EL Malasangre” atraviesa el polvo, tras los postigos entreabiertos, pares de temerosos ojos le atraviesan la espalda. “El Malasangre“, consciente, acentúa el rictus y se jacta.

Lento el paso, torvo el semblante, altanero camina, desafía las traicioneras miradas. Un jaco le sigue obligado por las riendas.

Cuando traspone de la tienda el umbral, el silencio se rompe y un rumor se oye en cada casa.

Momentos más tarde “El Malasangre” monta el jaco y cabalga.

Cuando el pueblo ya no le ve, el rictus, antes insolente, ahora se amarga. La cabalgadura al paso, y él, perdida la mirada. Reflexiona cuan injusta la vida le consagra. Él, que fue amante esposo y bracero de hacienda dedicado. Él, que si bien no buenas luces tenía sí que de bondades lleno estaba, ahora fama de asesino tenía, de sanguinario y de canalla.

¡Ay! si la gente supiera. ¡Ay! cuan equivocada. Ni asesino, ni sanguinario ni perseguido estaba. Huido, eso sí; pero por propia decisión tomada.

Vivo alejado del mundo. Ya no tengo nada. Aquello que más quería, aquello que me animaba. Aquella fuerza  que merecía que la vida fuera vivida, ya conmigo no estaba. Un señorito de luces, de dinero, ademanes y jaca se llevó la flor que yo más quería para luego despreciarla.

Ahora anacoreta parezco, una cueva es mi morada, y para evitar humano contacto pongo fiera la mirada y dejo correr de boca en boca el bulo de “El Malasangre”  sin defenderme de su infamia.

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Dedicado a Tomás. Fue un hombre bueno.

Escepticus.

 

Una respuesta para “MALASANGRE”

  1. Hola amigo Escépticus. Me ha encantado la historia. Breve, pero intensa, y si se lee entre líneas, su mensaje dice mucho. Ánimo y adelante. Esto es los que necesitamos los nocturnos. Que nuestro pequeño universo se expanda poco a poco por el espacio virtual. Hoy somos pocos, pero quizás mañana seamos más, o si cabe, muchos más…
    Te animo a que continúes con esas historias que tienes guardadas en el trastero de tu memoria. Sácales el polvo y muéstralas que para eso tienes talento. Pena me da de que los que creen ser tus compañeros de curro no lleguen ni tan siquiera a conocerte una pizca de lo que esconde tu cabeza. Amigo, la veteranía es un grado y bien haces en no dormir con niños… ya me entiendes. Deléitanos con más “Malasangre”, que esto no acaba más que empezar…
    Saludos.

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